30.5.08

Pint-er (The Glass of Beer)

Nos conocimos en Londres. Es actriz de teatro. Le invite una Pint. Me dijo que no tenía sed. Es hermosa. Me levante de la mesa y compre dos cervezas. Le puse una cerca del brazo que recargaba sobre la mesa. Mis dedos tocaron su brazo levemente cuando deje la cerveza a su lado. No tomo cerveza, me dijo. Era una mesa diminuta. Llovía ¿Tienes frío?, le pregunte. No tengo frío y no tomo cerveza. Leí una obra extraordinaria de Harold Pinter: The Homecoming. No la conozco, me dijo. Podríamos ir juntos a verla. Esta en el teatro Almeida. ¿Quieres otra cerveza? No tomo cerveza ya te dije. A mi me parece que si tomas. Si no tomas me voy a llevar el vaso para que no te moleste. No me molesta, Luis. Solo dame el vaso, le dije. No me molesta, me contesto y aclaro: sí te llevas el vaso te llevo a ti. ¿Me estas haciendo algún tipo de propuesta?

Cuando me fui se acerco a mi oído y me dijo: no te conviertas en un extraño. El mundo desapareció por unos instantes.


Veloso (A Little More Blue)

Para Caetano Veloso Londres debió ser una pesadilla. En 1969 la dictadura militar lo obligó a salir de Brasil. Vivió exiliado en el barrio londinense Chelsea. La lluvia, la comida, los interminables bloques de ladrillo y sobre todo la amabilidad, el humor y la calma con la que los ingleses subsisten, debió de tener un fuerte impacto en el corazón tropical de Veloso. En aquel cuarto de Chelsea debió escucharse “I don't want to stay here/ I wanna to go back to Bahia", de Paulo Diniz o probablemente cantaban “Many thousands miles away, now/Feeling lonely, lost and blue/I keep on waiting rain falls again there/So i'll be back thou home again”, de Luiz Gonzaga. En su libro Verdad Tropical, Caetano afirma que no estaba interesado en nada. Ni en Londres. Ni en la música inglesa. Ni en el idioma ingles. En nada. Llegó a contemplar el suicidio como única opción.

Un año después, Londres lo sedujo en silencio. Veloso decidió levantarse. Un punto de quiebre, dice su biografía, fue asistir a un concierto de los Stones. Su gran capacidad lírica se vio enriquecida por el idioma y la música inglesa. En sus composiciones de esa época Veloso canta en un ingles precario, de pocas frases. En su letras copia/repite/evoca nombres de canciones de los Beatles. Pelea con el idioma, regresa a las mismas frases una y otra vez, usa una sola palabra para desarrollar diversas melodías en una canción durante varios minutos y termina por gritar desesperado en portugués. Su capacidad para absorber su entorno y plasmarlo en su música es extraordinario en este periodo.

Londres se enriqueció y la música de Caetano lograría contener todos los sonidos del universo de forma simultanea, sin distorsión ni confusión. Una clase de Aleph tropical.

Antes de irse le escribió una canción a Londres “London, London” (¿Habrá querido responder a “New York, New York”?):

“I’m lonely in London London is lovely so I cross the streets without fear/Everybody keeps the way clear /I know, I know no one here to say hello /I know they keep the way clear /I am lonely in London without fear /I’m wandering round and round here nowhere to go”

Dylan


Dylan siempre Dylan. Por qué no. No es el que más escucho, mentiría. Pero regreso a él cuando las aguas me llegan hasta el cuello. Me identifico plenamente con él. Con su pelo, con la forma en que cambia la melodía de sus canciones, con su eterna incomodidad frente a un mundo que a veces es demasiado predecible. Hace poco, al releer sus crónicas, recibí un golpe bajo: “I did everything fast. Thought fast, ate fast, talked fast, and walked fast. I even sang my songs fast. I needed to slow my mind down if I was going to be a composer with anything to say”. Tengo que detenerme si realmente quiero decir algo importante.

En 1965 D.A. Pennbaker siguió a Dylan durante su visita a Inglaterra. El resultado es el documental Don´t Look Back. Roger Ebert, critico de cine, escribió su opinión sobre Dylan: “He is immature, petty, vindictive, lacking a sense of humor, overly impressed with his own importance and not very bright”. Cierto. Es decepcionante ver a Dylan comportarse de forma tan infantil. Además, la música en el documental es casi nula.

La música siempre la música. Bob se salva por una escena: Dylan en un cuarto de hotel rodeado de gente. Donovan, la aparente respuesta de Dylan en el Reino Unido, esta detrás de él. Alguien dice “qué cante Donovan”. Parece que todos quieren mostrarle a Bob que en ese lado del mundo hay música. Nadie entiende a Dylan. Donovan toma la guitarra y toca una canción. Dylan dice “nadie quiere escuchar a Donovan”. Donovan vs. Dylan. Dylan le arrebata la guitarra a Donovan. Donovan se niega. Forcejean. Dylan toca. Donovan fuma. Donovan quiere desaparecer. El mundo desaparece en dos canciones.

15.5.08

Eje DF-Culiacán-Londres


Hace 10 años me largué a Culiacán. Iba por algo. Nunca supe por qué ni el porqué. En el calor jijo, un golpe antibochorno me nubló los días. Era el segundo álbum de los Portishead. Allá, a miles de pasos de mi tierra, me topé con un cabrón que me llevó a comprar el cd. Luego, de vuelta, conocí a un amigo de ese otro cabrón, quien contenía un gusto especial por, en general,la buena música. Hoy, ese otro anda de viaje en la nublada Londres. Y así, desde acá, iniciamos un vínculo. DF, Culiacán, London. Oigamos el Third tercero, el Third soundtrack que tiene calorcito, al fin y al cabo, los de Bristol andan bronceados desde la apertura de su álbum: Esteja alerta para a regra dos três. O que você dá, retornará para você. Esta lição, você tem que aprender. Você só ganha o que você merece.